El derbi madrileño necesitó más de 45 minutos para empezar a parecer un partido de fútbol. Atlético de Madrid y Real Madrid convirtieron la primera mitad en una batalla de pulsos, protestas y encontronazos en la que la tensión terminó ganándole la partida al balón. Mucha temperatura, poco ritmo y todavía menos continuidad para dos equipos que se marcharon al descanso sin haber conseguido imponer su fútbol.
Todo cambió tras la reanudación. El Atlético dio un paso adelante y encontró en Giuliano Simeone la llave para abrir un partido que hasta entonces había estado demasiado cerrado. El argentino provocó el penalti que Grimaldo convirtió en el 1-0 y participó en el segundo, obra de Jonathan David. El Real Madrid, demasiado plano y sin capacidad para darle ritmo a su juego, apenas encontró respuestas hasta que Rüdiger recortó distancias en el 89′. El 2-1 terminó siendo definitivo, aunque el Atlético tuvo ocasiones suficientes para haber cerrado antes el derbi.
Del calentón al dominio rojiblanco
La primera mitad tuvo más de derbi que de fútbol. Cada disputa parecía tener una segunda lectura y cada contacto elevaba un poco más la temperatura de un encuentro en el que ninguno de los dos equipos encontraba continuidad. El balón estaba presente, pero el partido se jugaba también en cada protesta, en cada choque y en cada gesto.
El Atlético intentaba encontrar su sitio mientras el Real Madrid tampoco conseguía hacerse dueño del encuentro. Las posesiones no terminaban de convertirse en ocasiones y el ritmo se veía constantemente interrumpido. El derbi se fue consumiendo entre demasiadas batallas pequeñas y muy pocas acciones capaces de romper el guion.
Ni siquiera el descanso consiguió rebajar completamente la tensión. El partido necesitaba cambiar de registro y fue el Atlético quien lo hizo. Tras la reanudación, los rojiblancos empezaron a jugar más arriba, a encontrar espacios y a llevar el encuentro hacia el terreno que más les interesaba.
El cambio no tardó en reflejarse en el marcador. Giuliano Simeone recibió en una situación de uno contra uno ante Dean Huijsen y consiguió superar al central madridista. Cuando el argentino ya se marchaba solo hacia portería, Huijsen lo agarró para detener su carrera. Penalti y expulsión. El partido acababa de cambiar por completo.
Grimaldo tomó la responsabilidad desde los once metros y convirtió el lanzamiento en el minuto 53. El Atlético encontraba el premio después de una primera mitad en la que había tenido que convivir con un partido demasiado embarrado. Y, con un jugador más, tenía por delante el escenario perfecto para terminar de imponer su superioridad.
Giuliano encuentra la grieta y Jonathan David amplía la ventaja
Seis minutos después llegó el segundo golpe. Giuliano volvió a aparecer y puso el balón para que Jonathan David ampliara la ventaja en el minuto 59. El 2-0 terminó de confirmar la transformación del encuentro: lo que había sido una primera parte trabada se había convertido en un partido controlado por el Atlético.
El Real Madrid se quedó sin demasiados argumentos para cambiar el rumbo. La inferioridad numérica condicionaba el partido, pero el problema iba más allá del número de jugadores sobre el césped. Al conjunto blanco le faltaba ritmo, le faltaba claridad y, sobre todo, le costaba encontrar la manera de hacer daño a un Atlético que había tomado definitivamente el mando.
Los rojiblancos tuvieron oportunidades para ampliar todavía más la diferencia. El partido estaba de su lado y el Madrid parecía demasiado descafeinado como para discutirlo. Sin embargo, el Atlético no consiguió convertir su dominio en una ventaja definitiva.
Ahí apareció el único resquicio que necesitaba el Real Madrid para volver a creer.
La Mirada de Los Profes: Un Atlético superior que dejó con vida a un Madrid sin ritmo
El derbi terminó decidiéndose por la capacidad del Atlético para cambiar el partido después del descanso. La tensión de la primera parte dio paso a una superioridad rojiblanca mucho más reconocible, especialmente después de la expulsión de Huijsen. Giuliano fue determinante en ese giro: provocó la acción que terminó en penalti y expulsión y volvió a aparecer en la jugada del segundo gol.
Pero el encuentro también deja una segunda lectura. El Atlético tuvo el escenario perfecto para sentenciar y no lo hizo. Con un jugador más, dos goles de ventaja y un Real Madrid incapaz de encontrar continuidad, los rojiblancos dispusieron de ocasiones para haber convertido el derbi en una victoria mucho más cómoda.
La falta de contundencia permitió que el partido llegara vivo a sus últimos minutos. En el 89′, una falta encontró a la defensa rojiblanca dormida y Antonio Rüdiger aprovechó la acción para recortar distancias. El 2-1 convirtió los últimos instantes en un ejercicio de resistencia para el Atlético, que había tenido el partido bajo control y de repente tuvo que volver a mirar el marcador con cierta preocupación.
No hubo tiempo para más. El Atlético terminó quedándose con un derbi que se decidió en dos partidos diferentes: el de la tensión y el ruido de la primera mitad y el del dominio rojiblanco después del descanso. El Real Madrid solo consiguió reaccionar cuando ya era demasiado tarde.
El 2-1 manda al Atlético al parón de selecciones con la victoria ante su vecino y con una segunda parte en la que consiguió imponer las condiciones del encuentro. El Madrid, en cambio, se marcha con una derrota en un partido en el que durante demasiados minutos fue incapaz de encontrar ritmo, claridad o una respuesta al fútbol que propuso el conjunto rojiblanco tras el descanso.









Deja tu comentario