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¡El fútbol peruano pierde los papeles! Directores Técnicos deben ser sancionados de la liga 1

La disciplina en el fútbol peruano vuelve al debate tras las polémicas de Franco Navarro, Horacio Melgarejo, Javier Rebanal y Pablo Guede. ¿Habrá sanciones?

Disciplina en el fútbol peruano: polémicas de Navarro, Melgarejo, Rebanal y Guede

Los enfrentamientos entre Franco Navarro y Horacio Melgarejo, la discusión de Javier Rebanal con un periodista y el altercado de Pablo Guede con Hernán Barcos vuelven a poner en discusión la conducta de los protagonistas del fútbol peruano. Tres episodios diferentes que plantean una misma pregunta: ¿hasta cuándo se permitirá que la tensión deportiva se convierta en confrontación.

El fútbol peruano atraviesa un momento que merece una reflexión mucho más profunda que los resultados de cada jornada. Los recientes episodios protagonizados por Franco Navarro, Horacio Melgarejo, Javier Rebanal y Pablo Guede han trasladado la atención desde los terrenos de juego hacia situaciones de confrontación que comprometen la imagen de sus respectivas instituciones.

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La pasión, la presión competitiva y las emociones forman parte del deporte profesional. Sin embargo, ninguna de ellas debería convertirse en una justificación automática para las conductas antideportivas. Los entrenadores y dirigentes representan a instituciones con historia, aficionados y proyectos deportivos que necesitan liderazgo, disciplina y responsabilidad. Cuando quienes deben transmitir esos valores terminan involucrados en enfrentamientos públicos, el problema deja de ser individual y adquiere una dimensión institucional.

Franco Navarro, Rebanal y Guede: tres controversias que cuestionan la disciplina del fútbol peruano

La reciente controversia entre Franco Navarro, director deportivo de Alianza Lima, y Horacio Melgarejo, entrenador de Cienciano, volvió a encender el debate sobre los límites de la rivalidad deportiva.

Según la información publicada por Infobae Perú, el enfrentamiento se produjo después de un gesto de Melgarejo que provocó una reacción airada de Navarro.

El episodio debe analizarse considerando tanto la conducta que originó la discusión como la reacción posterior del dirigente blanquiazul.

Una provocación, si se acredita, puede constituir una conducta reprochable. Sin embargo, responder mediante una confrontación tampoco representa una solución compatible con el liderazgo institucional.

Franco Navarro no es únicamente un exfutbolista o exentrenador. Actualmente ocupa una posición de responsabilidad dentro de la estructura deportiva de Alianza Lima.

Su función implica representar al club, participar en decisiones estratégicas y contribuir a mantener una cultura profesional.

Por ello, cualquier comportamiento público que pueda contradecir esos principios merece una evaluación interna.

La responsabilidad tampoco debe recaer exclusivamente sobre Navarro.

Si se demuestra que Horacio Melgarejo realizó un gesto provocador contrario a las normas de conducta deportiva, también correspondería analizar su actuación.

La disciplina debe aplicarse de manera individual, proporcional y sin distinciones por trayectoria, cargo o institución.

Javier Rebanal y Pablo Guede: cuando la confrontación desplaza al fútbol

El segundo episodio involucra a Javier Rebanal, entrenador de Cusco FC, quien protagonizó una discusión con un periodista durante una conferencia de prensa, según la información difundida por el medio DIEZ.

Este caso introduce una dimensión adicional: la relación entre los profesionales del fútbol y los medios de comunicación.

Los entrenadores tienen derecho a cuestionar una pregunta, corregir información o expresar su desacuerdo con el enfoque de un periodista.

Sin embargo, ese derecho debe ejercerse dentro de los límites del respeto profesional.

Una conferencia de prensa constituye un espacio de información pública, no un escenario para confrontaciones personales.

El periodismo deportivo cumple una función fundamental dentro de la industria: informar, preguntar, contrastar y analizar las decisiones de quienes participan en ella.

Los entrenadores, por su parte, tienen la responsabilidad de responder desde su posición institucional, incluso cuando las preguntas resulten incómodas.

Una discusión verbal no constituye automáticamente una infracción disciplinaria. Para determinar su gravedad deben examinarse las expresiones utilizadas, el contexto y la existencia de posibles insultos, amenazas o comportamientos intimidatorios.

El tercer episodio tiene como protagonistas a Pablo Guede, entrenador de Alianza Lima, y Hernán Barcos, delantero de Sporting Cristal.

Ambos estuvieron involucrados en un enfrentamiento durante el partido entre sus equipos y en una nueva situación de tensión después del encuentro, cerca de los vestuarios.

Las imágenes difundidas sobre el incidente generaron cuestionamientos por la actitud de los protagonistas, especialmente por la responsabilidad que corresponde a un entrenador profesional.

La intensidad competitiva puede explicar el origen de una discusión, pero no elimina la obligación de mantener una conducta adecuada.

Un director técnico no puede exigir autocontrol a sus futbolistas mientras normaliza comportamientos que podrían contradecir ese mismo principio.

En los tres casos existe un elemento común: situaciones de tensión que terminaron adquiriendo mayor protagonismo público que los aspectos estrictamente deportivos.

No obstante, sería incorrecto equiparar automáticamente la gravedad de todos los incidentes.

Una discusión verbal, una provocación, una amenaza y una agresión física son conductas diferentes que requieren evaluaciones y respuestas proporcionales.

La Mirada de Los Profes: el fútbol peruano necesita autoridad, disciplina y consecuencias

Desde mi perspectiva como periodista deportivo y gestor deportivo, considero que el fútbol peruano necesita fortalecer urgentemente sus mecanismos de prevención, control y responsabilidad institucional.

No podemos continuar interpretando cada confrontación como una simple consecuencia de la pasión futbolística.

La presión existe en todas las competiciones profesionales. Los entrenadores europeos, sudamericanos y de otras regiones también afrontan derrotas, críticas, arbitrajes controvertidos y decisiones difíciles.

La diferencia debe estar en la capacidad de las instituciones para establecer límites y actuar cuando esos límites se superan.

Un entrenador representa mucho más que una propuesta táctica.

Representa liderazgo, metodología, disciplina, comunicación y capacidad para gestionar personas.

Lo mismo ocurre con un director deportivo, cuya responsabilidad trasciende las contrataciones y la planificación de una plantilla.

La autoridad institucional no se demuestra mediante confrontaciones, sino mediante decisiones responsables y comportamientos coherentes.

Por eso, considero necesario que los organismos disciplinarios correspondientes revisen los episodios documentados y determinen si existe fundamento para iniciar procedimientos.

En caso de acreditarse infracciones, las medidas deben ajustarse a la gravedad de cada conducta y al reglamento aplicable.

Las posibles respuestas pueden comprender advertencias, amonestaciones, multas o suspensiones, siempre que exista una disposición normativa que las autorice y se respeten las garantías del procedimiento.

No corresponde imponer sanciones por presión mediática ni anticipar culpabilidades sin una evaluación formal.

Sin embargo, tampoco debería aceptarse que la ausencia de una reacción institucional convierta estos comportamientos en situaciones habituales.

Los clubes también tienen responsabilidades propias.

Alianza Lima, Cienciano y Cusco FC pueden evaluar internamente la actuación de sus representantes, reforzar sus códigos de conducta y desarrollar mecanismos de prevención de conflictos.

En el caso de las conferencias de prensa, resulta especialmente importante garantizar un entorno de respeto entre periodistas, entrenadores y responsables de comunicación.

El periodismo debe ejercer su función con profesionalismo, mientras que los protagonistas del deporte deben comprender que responder preguntas forma parte de sus responsabilidades públicas.

Desde la gestión deportiva, también considero fundamental incorporar programas de liderazgo, comunicación institucional y manejo de conflictos dentro de las estructuras profesionales.

Estas herramientas no eliminan las emociones, pero ayudan a desarrollar respuestas más adecuadas ante situaciones de tensión.

El fútbol peruano necesita dejar de confundir carácter con confrontación y autoridad con imposición.

Un entrenador puede ser exigente sin perder el respeto.

Un dirigente puede defender a su institución sin protagonizar un enfrentamiento.

Y un periodista puede formular preguntas difíciles sin que ello deba convertirse en una disputa personal.

El verdadero crecimiento de una competición no se mide únicamente por sus fichajes, presupuestos, estadios o derechos televisivos.

También se mide por la calidad de sus instituciones y por la conducta de quienes las representan.

Por eso, estos episodios deberían impulsar una reflexión seria dentro de los clubes y de los organismos responsables de la competición.

No se trata de sancionar por sancionar. Se trata de investigar, establecer responsabilidades y aplicar las normas cuando corresponda.

Porque el fútbol peruano necesita entrenadores que dirijan, dirigentes que lideren e instituciones que actúen.

La disciplina no puede ser una exigencia exclusiva para los futbolistas. Debe comenzar por quienes tienen la responsabilidad de conducirlos.

Pablote Quezada
Periodista deportivo y gestor deportivo | Los Profes del Fútbol

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